martes, 11 de diciembre de 2018

Violencia simbólica

Uno de los principales temas comunes a ambas obras es la violencia simbólica, muy presente.

El gobierno establece una relación social con los ciudadanos en la que la figura dominante ejerce su autoridad de forma violenta pero indirectamente, de manera que los subordinados no son plenamente conscientes de esta.
La represión se siente en el ambiente como un componente más del sistema, pero por alguna razón se percibe como una sensación, sin ser palpable: es difusa y de difícil identificación.

En El cuento de la criada observamos una violencia más explícita, puesto que se amenaza a la sociedad con el castigo físico e incluso la muerte. Sin embargo, no se hace de forma directa: no se les amedrenta mediante un discurso aterrador —de hecho, se suelen suavizar los castigos empleando eufemismos y se justifican alegando que es por el bien común—; sino que se exhiben los cadáveres de personas que han incumplido las reglas del régimen, dejando un claro mensaje al resto. Esto pesa en la conciencia de los ciudadanos, que actuarán con obediencia autoimpuesta para garantizar su supervivencia.

Buenas tardes, señoras [...]. Estoy segura de que todas somos conscientes de las lamentables circunstancias que nos reúnen en esta hermosa mañana, y no me cabe duda de que todas preferiríamos estar haciendo otra cosa, al menos así es en mi caso; pero el deber es un verdadero tirano, tal vez en este caso debería decir tirana, y es en nombre del deber que hoy estamos aquí.

La primera, la que ahora levantan de su silla, las manos con guantes negros sobre la parte superior de los brazos: ¿por leer? No, sólo es una mano amputada, en la tercera condena. ¿Infidelidad, o un atentado contra la vida de su Comandante? O, más probablemente, contra la de la Esposa del Comandante. Eso es lo que estamos pensando.

He visto esto antes, la bolsa blanca colocada sobre la cabeza, la mujer que es ayudada a subir al alto taburete como si la ayudaran a subir los escalones de un autobús, sostenida allí arriba, el lazo ajustado delicadamente alrededor de su cuello como una vestidura, y luego una patada al escabel para apartarlo.

 He visto los pies dando patadas y las dos que van vestidas de negro cogiéndose a ellos y tirando hacia abajo con todas sus fuerzas. 

Los tres cuerpos quedan allí colgados; con los sacos blancos sobre sus cabezas parecen extrañamente estirados, como pollos colgados del pescuezo en el escaparate de una carnicería, como pájaros con las alas cortadas, como pájaros incapaces de volar, como ángeles destruidos.


En Nunca me abandones, en cambio, la violencia subyace a lo largo de toda la historia a interpretación del espectador. En ningún momento se comunica a los niños que son clones y van a tener que donar sus órganos: lo hace una profesora saltándose las normas. Ellos, aunque se oponen y tratan de alargar su vida todo lo posible, se resignan y en ningún momento muestran rebeldía al sistema, simplemente aceptan su destino y lo sobrellevan como pueden.
El gobierno ni siquiera aparece representado como una entidad, sino que permanece en el trasfondo de la trama.

Resultado de imagen de nunca me abandones operacion